Una historia sencilla
Martes, Abril 11th, 2006
País: Estados Unidos
Año: 1999
Título internacional: The straight story
Guión: John Roach, Mary Sweeney
Director: David Lynch
Actores: Sissy Spacek, Jane Galloway Heitz, Joseph A. Carpenter, Donald Wiegert, Richard Farnsworth, Tracey Maloney, Dan Flannery, Jennifer Edwards-Hughes, Ed Grennan, Jack Walsh, Max the Wonder Dog, Gil Pearson, Barbara June Patterson, Everett McGill, Anastasia Webb.
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“¿David Lynch, me estás cargando?” es la pregunta que con frecuencia me hago al ver alguna de sus películas. Si es cuestión de ser estrictos muchas historias y grandes films tienen como idea central algo que se aproxima al absurdo, algunas no cuentan nada y otras caminan los senderos de la condición humana. Lynch mueve esos filamentos muy especialmente si Una historia sencilla logra en sólo una escena resumirnos el espíritu del anciano protagonista (hago lo que se me da la gana no lo que vos me digas).
Alvin Straight (Richard Farnsworth) es un tipo grande, con muchos y de los más diversos problemas de salud, bien de tierra adentro, con ese acento que nosotros llamaríamos “de música country”. Vive con su hija Rose (Sissy Spacek) que tiene algunos “desórdenes” mentales, lo que también nosotros llamaríamos “un poco lenta” y prácticamente está alejado de toda su familia. Como la vida para ser humana tiene que tener la mayor cantidad de ingredientes amargos posibles, la lejanía no es casual sino que se origina en un distanciamiento afectivo con su hermano que lleva ya varios años.
Al llegar a oídos de Alvin, la noticia de la enfermedad de su hermano necesita de esa especie de rito de la reconciliación. Pero viven a kilómetros de distancia y por su edad y estado físico ya no le está permitido conducir. Renegando de cualquier sabio consejo y haciendo gala de su inmutable determinación Alvin emprende su viaje de todas formas, pero en tractor.
Puede ser mi precaria imaginación o mi escasa experiencia con tractores en ruta pero no puedo pintarme esta película sin visualizar esa línea que separa la sonrisa burlona (de Lynch) de la sonrisa satisfecha (la mía) por haber captado la esencia de la historia (o al menos creer que así es).
Aunque cada film tiene tantas interpretaciones como espectadores, seguramente existirán varias conclusiones en común entre todas ellas: que sólo David Lynch puede saltar de una historia simple de luz y de sombras como ésta a la complejidad y confusión de El camino de los sueños, filmada apenas un par de años después. Qué poco tiene que ver la intensidad de lo narrado con la velocidad de la historia y cómo se extrañan los buenos actores…















