Pan y rosas

País: Alemania, España, Francia, Italia, Reino Unido
Año: 2000
Título internacional: Bread and roses
Guión: Paul Laverty
Director: Ken Loach
Actores: Pilar Padilla, Adrien Brody, Elpidia Carrillo, Jack McGee, Monica Rivas, Frankie Davila, Lillian Hurst, Mayron Payes, Maria Orellana, Melody Garrett, Gigi Jackman, Beverly Reynolds, Eloy Méndez, Elena Antonenko, Olga Gorelik.
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Existen realizadores de los llamados “sociales” que se interesan por los conflictos de la clase trabajadora, o conflictos raciales o injusticias políticas. Pero que un realizador inglés se adentre en la realidad de los emigrantes mexicanos en Los Angeles al menos no pasa desapercibido.
Ese realizador en Ken Loach, director pilar de lo que se llama Cine social, con muy buenas películas en su haber, recomendables todas ellas.
Pan y rosas focaliza en Maya (Pilar Padilla) que logra ingresar ilegalmente a Estados Unidos gracias a la ayuda económica que le proporciona su hermana (que te escondan en la frontera y te lleven “como sea” en la parte de atrás de una camioneta tiene su precio).
Afortunadamente su hermana Rosa (Elpidia Carrillo) también le consigue trabajo con ella en “Angel” una de las más grandes empresas de limpieza de oficinas de Los Angeles.
¿Más grande por qué? Porque no están sindicalizados, porque son los que menos pagan la hora y son lo que conservan a los empleados jóvenes que menos problemas les traen.
Allí -como siempre o casi- aparece un sindicalista hábil de palabra y con gran poder de convicción, interpretado por Adrien Brody, desaliñeado, algo torpe y sobre todo sin miedo a romper estructuras, su meta es lograr que los empleados de “Angel” se adhieran al sindicato cueste lo que cueste.
Aparecen miedos, dudas, la certeza del despido en caso de que se conozcan las reuniones secretas y una politización de la causa desde adentro del sindicato mismo: “Esta causa es muy difícil, mejor pongamos foco en otra que sea un triunfo asegurado”
La muestra de que los trabajadores en realidad poco importan.
Muchas de las escenas parecen salidas de un ensayo o improvisación, sobre todo entre las hermanas, los diálogos y expresiones son tales que uno siente vivir la experiencia.
Afortunadamente para el espectador, el que prefiere no ser llevado de las narices, el mensaje final se desprende de la historia misma, no es moralina aleccionadora sino una conclusión inevitable.