Archivo para 'Música de películas'

Lo mejor de Almodóvar

Jueves, 16 Junio 2005 por Hermana Lumière

El CD de Hable con Ella

Lo dije en su momento cuando escribí la reseña sobre La mala educación. Almodóvar es, para mí, una debilidad o, dicho de modo solemne, uno de mis directores favoritos. Sus películas me parecen talentosas desde todo punto de vista: guión, dirección (de cámaras, de actores), puesta en escena, música. Ya que Celuloide cuenta con una sección dedicada a las bandas de sonido, va esta breve reseña sobre el mejor soundtrack asociado a un film del realizador manchego: Hable con ella.

El CD reúne a artistas tan disímiles aunque igualmente conmovedores como los brasileños Caetano Veloso y Ellis Regina, los españoles Vicente Amigo y El Pele, y el compositor británico barroco Henry Purcell. Por supuesto, también incluye la música original del largometraje, compuesta por Alberto Iglesias, que ya había trabajado para las también almodovarianas Todo sobre mi madre y La flor de mi secreto.

Almodóvar no teme reunir al... ... español Alberto Iglesias ...brasileño Caetano Velosos ... británico Henry Purcell

Como diría el propio Pedro, las notas de Iglesias “arropan” la historia protagonizada por Benigno Martín/Javier Cámara. Nunca más acertada esta metáfora si pensamos que, cada uno a su modo, los personajes de Hable con ella se encuentran desvalidos, a merced de su destino, a la espera de algún tipo de despertar que los saque de su letargo personal.

La voz de Ellis Regina, inconfundible

Si tuviera que elegir una sola canción de este soundtrack, no lo dudaría un segundo. Me quedaría con “Por toda minha vida”, compuesta por los grandes Tom Jobim y Vinicius de Moraes, y cantada por la inconfundible Ellis Regina. Las palabras de ellos, la voz de ella hacen de éste un tema emotivo hasta las lágrimas.

Para cerrar esta reseña, entonces, la transcripción de sus versos. Que los disfruten.

Por toda minha vida
Oh, meu bem-amado
Quero fazer-te um juramento, uma canção
Eu prometo, por toda a minha vida
Ser somente tua e amar-te como nunca
Ninguém jamais amou
Ninguém
Oh, meu bem amado, estrela pura aparecida
Eu te amo e te proclamo
O meu amor, o meu amor
Maior que tudo quanto existe
Oh! meu amor

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When you say nothing…

Domingo, 27 Febrero 2005 por Hermana Lumière

Notting Hill

When you say nothing at all es la típica canción que se hace famosa por pertencer a la banda sonora de una película taquillera. El hit se repite durante un tiempo en las FMs de moda, y luego se desliza hacia el más absoluto de los olvidos, como si nunca hubiera existido. Sin embargo, por más cursi que a algunos les resulte, éste es un tema que significa mucho para mí.

Lo escuché por primera vez allá por el año 2000, cuando fui al cine a ver Notting Hill de Roger Michell, con Julia Roberts y Hugh Grant (film que también fue responsable del éxito de She, canción originalmente compuesta por el francés Charles Aznavour y en esta ocasión interpretada por Elvis Costello). Desde entonces, siempre estuve atenta para “engancharlo” por radio. Y desde entonces también, se convirtió en disparador de ciertos recuerdos y sensaciones propios de mi vida.

Con el tiempo, supe que quien lo canta es el insulso Ronan Keating, ex integrante del desaparecido grupo británico Boyzone (otro de tantos al estilo Backstreet boys o Take that), y que existe una versión donde el joven irlandés se une a la mexicana Paulina Rubio (el encuentro bicultural deja mucho que desear, y prefiero obviarlo en esta reseña).

Lo cierto es que -al margen de toda intención marketinera, y más allá de los videoclips poco atractivos- When you say nothing at all es una canción que, tal vez inexplicablemente, o no tanto, siempre me conmueve.

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Calling you

Jueves, 3 Febrero 2005 por Hermana Lumière

Bagdad café

Cuando era adolescente, Bagdad café o Out of Rosenheim fue una mis películas preferidas. Después de verla en el cine, reincidí con la tele -no sé- ¿unas dos o tres veces? En todas esas ocasiones, me atraparon sus personajes entrañables (¿a quién no le hubiera gustado ser amiga de Jasmin/Marianne Sägebrecht?), el tributo a su amistad, el encanto de ese café perdido entre las rutas de un Estados Unidos profundo.

Sin dudas, lo que más me impactó fue la canción Calling you escrita por Bob Telsong e interpretada por Jevetta Steele (¿alguien sabe qué fue de la vida de esta ex corista de Prince?). Porque refleja la soledad de esas carreteras aledañas al desierto de Las Vegas, porque transmite esa fuerza con la que suele extrañarse a un ser querido, porque uno desearía que ese llamado fuera contestado.

El británico George Michael grabó su propia interpretación en algún CD que nunca pude encontrar, y que sigo buscando. La versión es tan buena como la original. Es una lástima que no la pasen más seguido.

Como sea, después de escuchar Calling you por primera vez en el cine, la busqué como loca en la radio y, gracias a la típica tenacidad adolescente, logré grabarla en un cassette que aún hoy conservo. Hace poco, aprovechando las ventajas de la banda ancha, la bajé de Internet, y cada tanto la escucho. Y, exactamente como aquella primera vez, nunca deja de conmoverme ni de transportarme a ese remoto lugar donde seguramente el mítico Bagdad café sobrevive.

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Amadeus

Sábado, 25 Diciembre 2004 por Hermana Lumière

Amadeus

Nunca me voy a olvidar de la primera vez que vi Amadeus de Milos Forman (volví a verla después, un par de veces más, en video y en cable). Tenía 12 años y sólo había oído hablar de Mozart, así como de Bach, de Beethoven o de Vivaldi. Incluso es bastante probable que mis viejos ya me hubieran hecho escuchar algo del músico vienés pero, de ser así, nunca lo tuve en cuenta hasta el día de la película.

Ese día, aprendí que Mozart se llamaba Wolfgang Amadeus, que fue un genio precoz y prolífico, que empezó a componer a los cuatro años y que, ya de grande, acostumbraba a hacerlo mientras jugaba sobre su mesa de billar (así nomás, como si no costara ningún esfuerzo). Aprendí que su talento opacó inmediatamente a sus colegas contemporáneos, como el envidioso Salieri, y provocó el enojo de los mediocres “maestros” que no podían entenderlo (lo acusaban de usar demasiadas notas). Aprendí que tuvo un padre tirano, que su matrimonio no fue muy feliz y que, muy a mi pesar, murió joven, en condiciones miserables.

Pero, sobre todo, ese día conocí su música, o al menos una parte. Recuerdo el impacto que me causó la banda de sonido mientras miraba la película. Cuando el volumen aumentaba, me costaba concentrarme en el parlamento de los actores. No podía dejar de escuchar, de descubrir cada instrumento, cada voz.

Hay una escena en que, lleno de envidia y admiración, el viejo Salieri explica la manera en que Mozart lleva una melodía (de oboe, creo) hasta el punto exacto de expresividad, emoción y genialidad. Dan ganas de tomar clases con el antipático compositor italiano para aprender a valorar mejor cada porción de esas partituras.

Después de ver el film de Forman, me juré no menospreciar a la música clásica, por más que no la escuchara seguido, por más que no la entendiera demasiado, por más que mis ídolos del momento fueran Phil Collins, Genesis, Sting, Queen, Madonna y Charly García. Por supuesto, también me convertí en fan absoluta de don Wolfgang y, a mi colección de cassettes, le sumé el de la banda de sonido de la película.

Todavía hoy lo conservo y, de tanto en tanto, lo pongo. Es una digna manera de recordar aquel célebre día cuando, por fin, conocí al genial, inigualable y muy querible Amadeus.

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Nostalgia ochentosa

Viernes, 10 Diciembre 2004 por Hermana Lumière

Flashdance

Lo sé, lo sé… Es probable que, después de la publicación de este blog, me tilden de melancólica sin remedio, de cursi incurable o -peor aún- de vieja démodée. Pero, bueno, debo confesarlo: una de las bandas de sonido que me conmueven hasta el día de hoy es la de … Señoras y Señores… Flashdance.

Será que me retrotrae a mis once años (época feliz, si alguna vez la hubo). Será que me emociona escuchar voces como las de Donna Summer, Irene Cara, Laura Branigan o Kim Karnes. Será que las canciones de ese CD -al menos algunas- se convirtieron en clásicos del pop (de hecho, no es casual que desde hace un tiempo las FM porteñas no se cansen de pasar el remix de He’s a dream).

En fin… Tíldenme de lo que quieran… Pero quienes rondan los treinta no podrán decir que alguna vez olvidaron a la chica soldadora cuyo único sueño era bailar, bailar y bailar.

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