La jetée
Domingo, 21 Noviembre 2004 por Hermana Lumière
País: Francia
Año: 1964
Título original: La jetée / The pier
Guión: Chris Marker
Director: Chris Marker
Actores: Jean Négroni, Hélène Chatelain, Davos
Hanich, Jacques Ledoux, André Heinrich, entre otros.
“Uno no se evade del tiempo”, asegura el protagonista de La jetée (o, en castellano, El espigón) poco antes de finalizar su testimonio. Esta conclusión se presenta como el cierre casi perfecto de una historia circular que empieza y termina en un mismo escenario -el aeropuerto parisino de Orly- y que sirve de excusa para plantear el problema del límite entre el espacio y el tiempo, entre el sueño y la vigilia, entre la realidad y la ficción, entre la niñez y la madurez, entre la vida y la muerte.
Filmado en 1962 por el francés Chris Marker, este mediometraje juega con el formato del documental, más precisamente del fotograma (sucesión de fotos), para presentar un relato de ciencia ficción contado en primera persona. El protagonista, un prisionero sobreviviente del holocausto nuclear, describe de qué manera sus carceleros lo obligan a viajar del pasado al futuro para ayudar a la salvación de la especie humana.
Este traslado a través del tiempo es meramente mental. Se trata de una especie de sueño inducido por drogas, y controlado por la voluntad del preso y de quienes lo vigilan. Tal como explica la voz en off del impávido Jean Négroni, la persona no delira pero, en cambio, sufre. Efectivamente, el padecimiento aparece por el esfuerzo cerebral de generar o recrear una realidad, ya sea en el pasado o en el futuro.
Lo que ya fue y lo que será se combinan entonces en un presente también difuso, donde lo onírico se mezcla con los recuerdos y donde la acción se proyecta hacia el porvenir, con miras a salvar esa nueva raza de seres humanos que necesitan reconstruir sus orígenes. A partir de esta confusión temporal, es difícil distinguir lo cierto de lo falso, lo real de lo imaginado. Hasta la memoria (o, según las propias palabras del protagonista, el “museo de la memoria”) puede caer bajo la influencia de un tiempo tan fluctuante como inasible.
Del mismo modo que en el cuento Continuidad de los parques de Julio Cortázar, el prisionero de La jetée también asiste a su propio fallecimiento. Pero la paradoja es todavía más impresionante en el fotograma francés, ya que quien muere (el protagonista adulto) y quien es testigo de su muerte (el protagonista niño) no son exactamente la misma persona. De ahí que el personaje se refiera al “recuerdo de un tiempo dos veces vivido”.
Sin duda, el uso de fotos en blanco y negro y de la voz en off le da a este mediometraje toda la apariencia de un documental de guerra. El texto resulta fundamental a la hora de aumentar la carga emotiva de las imágenes. En principio, el hecho de ser interpretado en primera persona le otorga mayor credibilidad al relato, además de crear una sensación de empatía más grande en el espectador.
Sin embargo, lejos de quedar atrapado en este formato, Chris Marker también recurre a determinados elementos de ficción para enriquecer su trabajo. Por ejemplo, desde el punto de vista del contenido, cabe señalar la historia de amor entre el protagonista y esa mujer que forma parte de sus recuerdos. En el mismo sentido, vale la pena mencionar el anonimato de los personajes (nadie tiene nombre), y el tiempo y estilo de narración que ayudan a crear un clima de intriga y suspenso.
Por otro lado, desde un enfoque más formal, merecen ser citados los efectos sonoros (susurros inquietantes, latidos de corazón) que, cuando el prisionero es inducido al sueño a través de los tiempos, remiten a cierta escenificación de la tortura. Igualmente, puede decirse que el tipo de fotografía utilizado no responde precisamente a un criterio periodístico o documental, sino más bien a una pauta estética y a veces hasta publicitaria.
Ni documental puro ni película de ficción convencional, La jetée se presenta más bien como una suerte de ensayo filosófico sobre cuestiones que siempre preocuparon al hombre. De hecho, alrededor de un relato bien contado, Marker propone un estimulante debate acerca de la verdad, la historia, el tiempo y, en síntesis, la existencia del ser humano.
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